Se dice que el aprendiz de mucho es maestro de poco o de nada, también se dice que el que mucho abarca poco aprieta. En las redes sociales siempre suelo presentarme como músico y escritor fracasado, fotógrafo ocasional, y hedonista venido a menos. Es una manera de presentarme con cierto aire derrotista y depresivo por mi parte.
Alguna persona me ha dicho que hago demasiadas cosas para que alguna de ellas me salga mínimamente bien, y cierto es que en algo podría ser así, pero personalmente creo que no hago demasiadas cosas, para mí hacer muchas cosas sería matarte haciendo todo tipo de deportes, los cuales detesto y me siento totalmente alejado de ello.
El asunto es que ya tengo una edad y cada una de las actividades que realizo me fueron llegando casi por casualidad en diferentes épocas de mi vida, y como es normal ahora resulta que las desarrollo todas e incluso alguna más que llegó por este largo camino.
¿Desarrollo todas estas actividades bien? Yo soy el primero que desea hacerlo mejor y no siempre estoy contento con los resultados. No opinar sobre mis trabajos, creo que esa no es mi tarea, lo es de los que se creen críticos con los que realizan actividades creativas.
Este artículo lo escribo, más para mí, que para que alguien lo lea, para plasmar lo que me va viniendo a la memoria para que no se quede en ese rincón del cerebro que a veces no acaba de funcionar del todo bien. Un ejercicio de almacenamiento para que no quede olvidado en mi mente.
Un ejercicio más para mí, que para el que pueda llegar a leer estas lineas.

FOTOGRAFÍA

Empezaré por la fotografía, ya que fue lo primero que me atrajo en mi más tierna infancia.
De bien pequeño siempre vi en casa ampliadoras y cubetas de líquidos para revelar fotos. Mi hermano mayor estudiaba fotografía y practicaba mucho en casa, yo observaba como revelaba las fotos e intentaba aprender lo máximo posible.
Mi primera cámara fotográfica fue una Kodak Fiesta, un modelo de cámara que hoy en día causaría furor entre los modernos amantes de la Lomografía. Las dos siguientes también serían la envidia de cualquier moderno aficionado de lo vintage. La Nikon me desapareció y nunca más se supo de ella. Actualmente utilizo la Canon 500D y la Canon 7D.


La afición por la fotografía me viene de muy lejos, la del vídeo ya es más reciente, si es que a treinta años se le puede considerar reciente.
Empecé en el vídeo cuando se democratizaron los equipos de vídeo y todo el mundo podía comprarse una cámara a precio de oro. Mi cámara durante años fue La Panasonic MC20 que grababa con cintas pequeñas VHS. La sigo conservando pero ya no la uso, igual después de tantos años ya ni funciona.
Actualmente para editar un vídeo solo tienes que disponer de un pequeño ordenador portátil, pero en los años ochenta tenías que hacer una fuerte inversión en material para poder hacerlo. Cámara, editor de vídeo, generador de caracteres, y vídeo reproductor, todo analógico, y después disponer de seis manos o un ayudante para poder hacer el master. Demasiados botones se tenían que apretar a la vez para enviar audio y vídeo al grabador/reproductor.


Por suerte hoy en día con los adelantos tecnológicos todo es más fácil y cómodo. Con un smartphone podemos hacer cosas increíbles y compartirlas al instante en cualquier red social.
Siempre he dicho que los que empezamos de forma analógica somos los que más valoramos las nuevas tecnologías por lo fácil que nos hacen la vida.
En el apartado fotografía he realizado unas cuantas exposiciones y he ilustrado mis novelas.
Haciendo click en la siguiente foto puede verse parte de esas exposiciones.

MÚSICA

En casa siempre tuvimos una guitarra que la tocábamos los tres hermanos por lo que desde muy temprana edad ya empecé a tocarla y a componer alguna simple cancioncita.
Crecí pero no mucho y me compre una guitarra acústica de segunda mano, sería 1978 y me costó 8.000 pesetas. Era una Suzuki, podría parecer que era la misma marca de las motos como en el caso de Yamaha, pero era una guitarra construida por un famoso luthier japonés llamado Kiso. La compañía se llamaba Kiso Suzuki Violins Company. Est 1951.


No hace mucho me estuve informado y el modelo de la guitarra es el F100, construida en 1976. Actualmente está bastante valorada por coleccionistas de rarezas. En la última subasta alcanzó los 500 euros, puede parecer poco, pero para una marca japonesa de los años 70 no está nada mal.
Por aquél entonces un amigo algo mayor que yo se compró un bajo, un día me pasé por su local de ensayo y me lo dejó probar. Era una imitación de un Gibson Ripper.

Me encantó la experiencia y decidí comprarme un bajo, yo debería tener unos catorce o quince años. Fui a Iber Musical, en la Gran Vía y me compré el único que estaba a mi alcance, trece mil pesetas que para mí eran una fortuna.
Era una imitación coreana de un Fender Precission Bass, era negro y llevaba unas cuerdas de entorchado liso que me destrozaba los dedos.

No hace mucho buscando información sobre la marca me enteré que era muy popular en la época y encontré esta pagina italiana donde restauran uno idéntico al mio.
Haciendo click sobre la siguiente foto se puede ver el buen trabajo de restauración.

El bajo me duró unos cuantos años, hasta que se me incendió el piso y tanto el bajo como el amplificador Farfisa de 500 W fueron pasto de las llamas.
Desde ese momento mi amigo Víctor me dejaba su Ibanez al cual llamábamos Rickenbanez por su descarada imitación de un Rickebaker.
Con él hice alguna prueba para entrar a tocar en bandas de gente bastante más mayor que yo. Por lo visto no estaba preparado para tan descabellada empresa, era demasiado joven e inexperto.

Llegó un momento en que mi amigo Víctor se quiso vender el Rickenbanez, pero yo no tenía dinero y se lo dejé a Pedro Bruque, el famoso bajista. Se lo dejé para que lo probase por si le interesaba, al poco el pobre Pedro murió, y nunca más se supo del Rickenbanez.
El primer bajo profesional con el que toqué fue un Ovation Mágnum, con salida estéreo. Era del bajista de la banda Trípode y cuando el no podía ir al ensayo yo tocaba por él. Una vez estuve apunto de tocar por él en un bolo pero al final hizo lo imposible por tocar y yo me quedé con las ganas de hacerlo por primera vez en público. Creo recordar que sería 1980.

llegados los años 90 disponía de una buena artillería de instrumentos de los cuales pocos me quedan, ya que uno va cambiando de instrumentos y se vende los antiguos. Para muestra un botón.

Años después me compré un Ibanez Atk 300 made in Japan. Es el bajo que sigo utilizando actualmente. Por supuesto muy bien costumizado. Es el único bajo que se ha fabricado con una pastilla de triple bobina, normalmente las llevan simples o dobles.

El Ibanez ATK era mi bajo de backup, ya que mi primer bajo era un Warwick Masterman, que era toda una maravilla.
El mástil en origen era de lo más áspero y grueso para mi gusto. Pasó por las manos de un luthier que se lo modificó y lo dejó de los más suave y cómodo. Cosa que lo hacía perfecto para tocar funk. Su sonido era espectacular así como su estética con acabados a la cera en vez de barniz. Cada dos por tres lo tenía que pulir con la cera especial de Warwick. La madera no estaba pintada, era de una madera natural de color lila. Era de un árbol llamado Palo Violeta (Dalbergia cearensis) Crece en América del Sur, sobre todo en Brasil. Su madera es dura, pesada, oleosa y con perfume a violetas, igual que la madera de palisandro y de jacarandá que crece en África, en la zona de Gambia.
Su uso se extendió en el siglo XVIII en París, se emplea para fabricar instrumentos musicales de alta calidad.

Si actualmente utilizo como primer bajo el Ibanez ATK es porque el Warwick Masterman lo perdí en un bolo en Razzmatazz. Me costó mucho superar esa perdida, si es qué en algún momento la superé, ya que lo sigo echando de menos.
Actualmente llevo de backup un Ibanez de escala corta, muy cómodo, manejable y fácil de transportar. Es pequeño como una guitarra eléctrica.


Por el camino ha caído alguna que otra guitarra flamenca y eléctrica. Destacables son la Jackson y la telecaster.

Después de mostrar mi artillería pesada solo decir que llevo tocando en bandas desde principio de los ochenta.

haciendo click en la siguiente foto se pueden ver las tonterías que llevo haciendo desde hace décadas.

NOVELAS

Escribir es mi actividad más reciente, aunque lo que se dice escribir lo llevo haciendo con mayor o menor fortuna desde muy temprana edad, vaya como todo el mundo.
De adolescente escribí un ensayo sobre religiones antiguas, pero no dejó nunca de ser un manuscrito que se perdió en algún oscuro cajón. También escribía letras de canciones, algunas para mí, otras para alguna banda de aquellas que tenían un cantante que no sabía hacer letras.
De unos años a esta parte me he dedicado más seriamente a escribir y el resultado son dos novelas publicadas y dos más por terminar, cosa que me está resultando difícil por las circunstancias personales por las que estamos atravesando la mayoría de personas de este planeta desde hace un par de años por el tema de la pandemia. Demasiados problemas para que uno pueda centrarse en escribir. Para hacerlo uno tiene que tener la mente en forma, y no es el caso.
Mi primera novela la escribí por casualidad ya que era la única actividad que pude desarrollar al estar postrado en la cama durante meses por culpa de un accidente de tráfico.
De algo malo puede salir algo bueno, y lo bueno del caso es que se me despertaron las ganas de contar cosas e inventarme historias.
En la primera novela «Max, una historia de los ochenta» quise encabezar los capítulos con fotografías de mujeres, ya que los capítulos no están numerados, simplemente tienen nombre de mujer.
Para la ocasión realicé unas cuantas sesiones fotográficas con modelos, una experiencia muy gratificante que recuerdo con mucho cariño.

Tras publicar la novela me ofrecieron hacer un programa de radio y acepté el reto. El resultado fue Max Radio.

La siguiente novela fue «Las Pesadillas de Sam» una obra conceptual que no terminó de entender todo el mundo. Es decir, todo un fracaso en ventas.

En esta novela desplegué las tres actividades que más me llenan, escribir, hacer fotos y componer canciones, en este caso una banda sonora que acompaña al libro.
La propuesta es leer la novela mientras se escucha la banda sonora.

La presentación se hizo en la sala Meteoro, fue el primer evento de la sala y resultó todo un despropósito, más que la presentación de una novela parecía un monologo de Faemino y Cansado con el publico muy entregado. La verdad es que tanto Jaime Gonzalo como yo nos lo pasamos muy bien, tanto que Jaime repitió presentación en el Civic de la Barceloneta, pero esa vez fue más seria la cosa.

También durante unos años formé parte del equipo de Urban Explorer, una plataforma digital que estaba presente en todas las redes sociales y constaba de una web y una aplicación de móvil donde ofrecíamos rutas históricas geolocalizádas.
Durante ese tiempo me esforcé por escribir un articulo diario, en algunos casos dos. Eso me dio mucha practica en la escritura y la documentación. De aquellos artículos quizá algún día publique un libro que llevo preparando desde hace mucho tiempo.
Hasta aquí puedo contar lo que viene a ser mi faceta literaria, como dije antes, entre la desidia de los malos tiempos y mi vuelta a la música, todo se hace muy difícil, apenas tengo tiempo para centrarme en otra cosa que no sea tocar y grabar los discos de las dos bandas en las que toco.
Una es Frecuencia Spectru, en la que llevo desde el año 2003 aunque con algunos cambios en la formación.

La otra es SHIBARI, más reciente y totalmente diferente en concepto y música.