Hoy buscando entre cajas que hace años no abro encontré una curiosa carta enviada a mi padre, y sí, digo mi padre porque a mi madre ni la tienen en cuenta. Años de machismo y disciplina férrea en los colegios de donde salíamos todos delincuentes por la mala praxis de un profesorado educado durante el franquismo.
Recuerdo que ya de bien pequeño en parvularios iba a un colegio de malvadas monjas que nos maltrataban psicológicamente proyectándonos filminas (Diapositivas) de demonios quemándose en el infierno, y cuando ellas pensaban que nos portábamos mal nos amenazaban con enviarnos al cuarto de las ratas.
En una de estas amenazas y ya cogido del brazo por una de ellas me escapé corriendo y me fui para casa, mi madre no entendía como pude llegar a casa solo y no daba credito a lo que le conté de las monjas. Por supuesto fue a hablar con ellas y no volví a pisar ese maldito infierno.
Al cumplir los seis años me matricularon en La Salle Barceloneta y allí comenzó mi carrera de mal estudiante y enano malvado.
Curiosos los precios de mis primeros libros pero es que era el año 1971.

Llegué al Almi-Balmes, rebotado de La Salle Barceloneta, del cual me expulsaron por pieza de nivel. Fui a parar a un colegio donde casi todos los de la clase eramos Vaquillas y Toretes, estaba en mi ambiente.
Mis notas eran tan malas que solo aprobaba alguna asignatura fácil, gimnasia que solo hacíamos una vez a la semana, y religión que no nos daban pero nos aprobaban a todos.
La fecha de las notas es curiosa ya que ese año ya tenía quince años, y EGB se terminaba a los trece años, lo cual quiere decir que había repetido dos cursos.

Es triste que mis padres tuviesen que recibir este tipo de cartas pero es que yo no daba para más, prefería andar por la calle haciendo maldades que en casa haciendo deberes, cosa que nunca hice.
Las pocas veces que no iba por montjuïc de campana, con algún compañero tan malo como yo, me las pasaba dibujando tonterías en clase en lugar de atender al profesor ya que me daba absolutamente igual lo que explicaba, era un autentico zoquete pero de los malos de verdad.

Cuando me expulsaron de La Salle Barceloneta recuerdo que el último día, uno de esos que se me ocurría ir a clase, me encontré a mis padres hablando con el director y vi a mi madre llorando por lo malo que llegaba ser. El Director después de comunicarles mi expulsión por hacer seis meses que no aparecía por clase, comunicó a mis padres que yo no era idiota, que era muy inteligente pero que no servia para los estudios, que de mayor podría utilizar mi inteligencia para atracar bancos o algo por el estilo. El maldito bastardo dejó a mi madre con lagrimas en los ojos y a mi padre con un cabreo de los buenos.

Mi cara de gamberro en esta foto con la camiseta de La Salle Barceloneta lo dice todo.

Pasados los años siempre hacen gracia estas anécdotas, y te hacen esbozar una sonrisa entre melancólica y triste.

La carta del profeso del Almi-Balmes no tiene desperdicio.

Estimado Señor.
Su hijo por enésima vez ha venido a clase sin haber traído sus deberes con el agravante de que había un trabajo que le tenía mandado desde antes de las últimas vacaciones, el cual tampoco ha realizado. Por lo tanto le ruego que lo tenga en casa hasta que acabe todos sus deberes atrasados o se sirva pasar para hablar con nosotros lo antes posible.
Sintiendo mucho tener que darle esta noticia se despide atentamente esperando su visita.

En definitiva, era de lo peor y ni siquiera aprobé octavo después de hacerlo dos veces, menos mal que a lo largo de los años espabilé y me puse las pilas para seguir adelante y culturizarme en lo que más me interesaba, devorando libros y escribiendo.

Por lo que veo se me daba mejor el dibujo lineal aunque fuese copiando un detalle de la portada del disco The Song Remains the Same de Led Zeppelin. Me dio por restaurar la fachada del hotel.