La Vampira del Raval

 

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El 12 de mayo de 1913 hallaron muerta a Enriqueta Martí en la prisión de la Reina Amalia. Los periódicos de la época hicieron de ella un personaje popular utilizando adjetivos hechos a medida para la ocasión al más puro estilo sensacionalista.
A Enriqueta se le conocía como la Vampira del Carrer Ponent, en aquella época Calle de Poniente, actualmente Joaquim Costa, también se la conocía como la Vampira del Raval, o la Vampira de Barcelona. Días antes del su trágico final, Enriqueta intentó suicidarse mordiéndose las venas de las muñecas demostrando su rudeza y su asesina demencia. Iba a ser juzgada por una larga lista de cargos, como prostitución, proxenetismo, prostitución infantil, secuestro, asesinato y unos cuantos más cómo fabricar pócimas con los restos de sus infantiles víctimas, y alguna que otra atrocidad más que jamás pudo ser demostrada al no poderse celebrar el juicio.
Actualmente existen varias tesis que tiran por tierra la versión oficial de la época tan llena de lagunas y de falsas acusaciones, y nos presentan a una Enriqueta Martí, cabeza de turco. A la víctima de una trama criminal dirigida por personas de la alta sociedad barcelonesa, por miembros de aquella famosa alta burguesía catalana tan enraizada en aquella Barcelona ya bastante industrializada.
Sea la historia oficial o la extraoficial, la historia de la Vampira del Carrer Ponent es digna de ser estudiada con todo detalle aunque sea documentándose con las crónicas de los periódicos o con las actas de los juzgados donde declararon como testigos vecinos y personas allegadas a Enriqueta.
Para adentrarnos en la vida de la Vampira nos remontaremos a su infancia, a sus primeros años de vida.

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Enriqueta Martí y Ripollés, era natural de Sant Feliu de Llobregat, localidad muy cercana a Barcelona. Nació un 2 de febrero de 1868, en el seno de una familia humilde. A muy corta edad, Enriqueta es trasladada a Barcelona, para entrar en el servicio domestico de una adinerada familia de la ciudad y durante una temporada trabajó como niñera de una de las hijas de la familia.
Poco le duró el ofició ya que pronto comenzó a callejear por los alrededores del puerto por donde estaban ubicados una serie de cuarteles militares donde empezó a ejercer la prostitución, primero con los jóvenes soldados, más tarde con cualquier persona con dinero en el bolsillo que rondase por el barrio chino entre el portal de Santa Madrona en el Paral.lel y las populares ramblas hasta que acabó de burdel en burdel para ganarse la vida.
Al cumplir los veintisiete años se casa con Juan Pujaló, un artista que se dedicaba a la pintura, pero como eras de esperar la relación con el pintor fue de lo más tormentosa, llegaron a separarse y reconciliarse varias veces, se dice que hasta seis. Según el pintor, el matrimonio fracasó una y otra vez por la afición que ella tenía por el sexo con todo tipo de hombres. Se dice que en esa etapa de su vida era una mujer muy extraña, con una especie de bipolaridad, una mujer impredecible y falsa, que pasaba los días y las noches de burdel en burdel, alternando con todo tipo de marineros de cualquier rincón del planeta que recalaban en el puerto de Barcelona.
Al final Enriqueta y Juan Pujaló se separaron definitivamente.
Según cuenta el pintor, era imposible convivir con una persona que le
engañaba sin cesar y que llevaba una doble vida a sus espaldas. De día vestía como una pordiosera y peregrinaba por parroquias, conventos y por la casa de la caridad mendigando comida y ropa, de noche vestía sus mejores galas y se adentraba entre la alta sociedad barcelonesa en lugares como el Casino de la Arabassada en Collserola, o el Gran Teatre del Liceu, los lugares por entonces más frecuentados por la adinerada burguesía.

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Un rumor sin corroborar decía que frecuentaba tan lujosos lugares para ofrecer los servicios sexuales de niños a los cuales obligaba a prostituirse.
El rumor fue alimentado por el hecho de que en 1909, fue detenida por la policía bajo la acusación de regentar un burdel donde junto a su cómplice, un joven de buena familia, junto al cual y gracias a sus contactos con la burguesía ofrecía a niños de tres años en adelante para realizar servicios sexuales. Pero esta vez se libró de pisar la prisión gracias a sus contactos entre las más altas esferas, consumidores muchos de ellos de los servicios
de Enriqueta.
También arañaba algún dinero ejerciendo de curandera. En esta faceta de su vida es donde se granjeó el apelativo de Vampira, al ofrecer ungüentos y pócimas presumiblemente realizados con ingredientes sacados de los cadáveres de sus pequeñas víctimas.
En Barcelona a principios de siglo XX, el índice de desapariciones de niños era muy elevado. La pobreza en el Raval era extrema y era relativamente fácil apropiarse de cualquier niño, ya fuese a través del secuestro o simplemente comprándoselo a su económicamente necesitada familia.
La gente adinerada pagaba fortunas por remedios para enfermedades sin cura en la época.
Se dice que Enriqueta realizaba formulas magistrales a base de los ingredientes que obtenía de los cuerpos sin vida de niños a los que mataba después de prostituirlos, les extraía los huesos, el pelo, la grasa, la sangre, de esta manera hacía negocio y de paso se deshacía sin levantar sospechas de los cadáveres de los pobres desgraciados.
La mala suerte de Enriqueta comenzó cuando Claudia Elías, vecina del barrio, un 17 de febrero de 1912, vio a una niña con la cabeza rapada jugando con otra niña en el balcón del patio interior del entresuelo del edificio número 29 del Carrer de Ponent.
Hacía días que la niña Teresita Guitart, había desaparecido bajo la sospecha de ser víctima de un secuestro. En el barrio del Raval todos los vecinos buscaban a la niña ya que poco se fiaban de las pesquisas de la policía que más bien eran pocas por la manifiesta pasividad de las autoridades.
La vecina le preguntó a Enriqueta si los niños eran suyos, pero no
recibió respuesta por su parte, simplemente los hizo entrar en casa y cerró el balcón sin mediar palabra. La vecina, Claudia Elías, después del suceso y extrañada por el comportamiento de su vecina, comentó al colchonero de la calle que creía que la niña de la cabeza rapada que había visto en casa de Enriqueta era Teresita Guitart, y que le parecía extraño que dos niñas conviviesen con Enriqueta debido a su mala fama.
El colchonero se lo comunicó al agente municipal, José Asens, que sin perder tiempo comunicó el hecho a su jefe, el brigada Ribot.
El 27 de febrero, la policía retuvo a Enriqueta para llevarla a su casa bajo la acusación de tener gallinas pero con la intención de encontrar a Teresita.
Al entrar los policías en el piso descubrieron a dos niñas, una decía llamarse Felicidad y la otra Angelita, esta ultima posible hija de Enriqueta. Tras la declaración de la niña Felicidad se supo que Enriqueta la cogió de la mano cuando jugaba en la calle, alejándola del lugar con la excusa de darle unos caramelos que tenía en casa. Teresita al ver que se la llevaba lejos quiso volver a casa y es entonces cuando Enriqueta cubrió a la niña con un trapo negro y a la fuerza se la llevo.
Una vez allí le rapó la cabeza y le dijo que no tenía padres, que ella era su madrastra y que su nombre era Felicidad.
En su declaración, Teresita explicó que cada día le daba de comer pan duro y patatas hervidas, que no le pegaba pero que le tenía prohibido salir al balcón. Declaró también que un día junto a Angelita, al encontrarse solas en casa decidieron entrar en las habitaciones prohibidas, encontrando un saco con ropa de niña, ensangrentada y un gran cuchillo también ensangrentado.
Después de tomarle declaración, la pequeña Teresita fue devuelta a sus padres.
Enriqueta declaró a la policía que a la niña la encontró el día anterior en la Ronda de Sant Pau, muerta de hambre y perdida.
Por último declaró la niña Angelita que dijo a la policía que antes de la llegada de Teresita había un niño de cinco años llamado Pepito, al que vio
como era asesinado con un cuchillo por Enriqueta sobre la mesa de la cocina.
En el piso se encontró el saco ensangrentado del que hablaban las niñas y en una habitación cerrada con llave encontraron frascos llenos de restos humanos: Sangre coagulada, manteca de grasa de niño, polvo de hueso, y restos de despojos humanos.
Enriqueta fue duramente interrogada pero jamás delató a sus clientes ni a los cómplices de sus macabros negocios.
La policía registro otros pisos en los que Enriqueta había vivido en los últimos años y encontraron en uno de ellos la calavera de un niño de tres años y una serie de huesos que correspondían a niños de entre tres y ocho años.
En el piso del Carrer Ponent, se encontraron también varios libros antiguos y una lista dentro de uno de ellos con nombres de políticos, médicos, banqueros y empresarios. Esste descubrimiento es lo que desde entonces ha hecho sospechar a más de un estudioso del tema que en realidad Enriqueta solo era una pieza más en un diabólico entramado de tráfico de niños
vivos y muertos. Enriqueta fue encarcelada en la prisión de la Reina Amalia a la espera de ser juzgada.
En la madrugada del 12 de mayo de 1913, Enriqueta falleció en extrañas circunstancias.
La versión oficial de su muerte nos dice que falleció a causa de una larga enfermedad que arrastraba desde hacía años. La versión extraoficial, nos cuenta que Las otras reclusas de la prisión la lincharon en el patio de la cárcel. Su cadáver fue depositado en una fosa común del cementerio de Montjuïc, dejando sin cerrar uno de los casos más emblemáticos de la leyenda negra de la ciudad.
Corrieron ríos de tinta en todos los periódicos, y los barceloneses no hablaban de otra cosa durante aquellos azarosos días, hasta que el caso pasó al olvido al conocerse otra noticia más sensacional.
El barco transatlántico más grande y lujoso del mundo acababa de chocar contra un iceberg.
El Titanic hizo que Enriqueta, las niñas Teresita y Angelina, el pobre niño Pepito, y una larga lista de niños desaparecidos pasasen al más oscuro de los olvidos.

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