ANARQUISMO, ANTIFASCISMO, CLUB DE FUTBOL OBRERO

El Poblenou en las décadas veinte y treinta del siglo XX era una zona obrera heredera de la revolución industrial catalana de finales del siglo XIX. Un barrio obrero donde había más fábricas y talleres que viviendas. Un barrio republicano organizado y mayoritariamente sindicado en la CNT.
En las proximidades del campo del C.E. Júpiter, vivían líderes sindicales y militantes anarquistas que aprovechaban las instalaciones del club para reunirse e incluso para guardar sus armas en el caso de que a la policía se le ocurría registrar sus casas. El equipo en sus desplazamientos llevaba armas ocultas dentro de los balones para entregárselas a los anarquistas de otras ciudades para que estos se pudiesen defender de los pistoleros de la patronal.
En 1936 el campo del Júpiter fue el punto de encuentro de obreros donde se comenzó a gestar la resistencia del alzamiento militar fascista. El comité de defensa del Poblenou requisó dos camiones de una fábrica cercana que estacionó junto al campo para usarlos como arsenal clandestino.
La noche del 17 de julio los anarquistas; Juan Garcia Oliver, Buenaventura Durruti, António Ortiz, Francisco Ascaso, Aurelio Fernandez, José Pérez Ibañez, todos vecinos de la zona se reunieron en la casa de Gregorio Jover, desde donde podían verse los dos camiones aparcados, a la espera de noticias de levantamiento militar. A las cinco de la mañana llegó la fatídica noticia, las tropas fascistas empezaban a salir de los cuarteles para tomar Barcelona. La táctica obrera consistía en dejar salir a los militares para enfrentarse a ellos fuera de los cuarteles. Las calles que rodeaban el campo del Júpiter estaban repletas de militantes anarquistas armados.

Los más expertos en lucha callejera montaron en los camiones y montaron una ametralladora en el primer camión. Las sirenas de todas las fábricas comenzaron a sonar durante horas para llamar a la lucha a todos los obreros.
Así es como emprendieron la marcha. Los camiones con la bandera rojinegra ondeando abrían el paso a centenares de obreros armados que caminaban cantando “Hijos del pueblo” y “A las barricadas”. Emprendieron la marcha hacia el centro de la ciudad para luchar contra el fascismo, animados desde los balcones por los vecinos del barrio.
Con estos antecedentes revolucionarios no es de extrañar que al terminar la guerra el Júpiter fuese perseguido por el gobierno fascista. Por suerte en la actualidad el club ha recuperado todos sus símbolos de identidad y puede presumir de tener una historia digna de película. El Júpiter es un equipo de barrio orgulloso de su historia, con aguerridos seguidores defensores de las libertades.



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